La mañana pasa ligera entre los cabellos de Julia, ha abierto la ventana de la camioneta mientras maneja desnuda del alma. Se ha cansado de ocultar, de dejar detrás de ella los sentimientos que para muchos son absurdos y deberían desvanecerse con el rocío de la madrugada. Sube al volumen en esa canción que le invade el alma, al llegar al momento que decidió olvidarlo todo, al instante en el que comenzó a escribir una nueva historia, llenita de dolor por la pérdida que ella misma decidió, por el amor que ella misma decidió dejar detrás de sus lágrimas; optó por abandonar la esperanza que se había convertido en una batalla por mantenerlo a su lado. Aquel enero, estaba en silencio, sólo los sollozos ahogados entre sábanas podían escucharse. Recién había puesto un límite a ella. En páginas anteriores habíamos escrito que el alto lo había puesto a Enrique y su amor indeciso; sin embargo, ahora entendemos, que aquella decisión era más un rescate a su amor propio, una solución al c...