Sécate las lágrimas
Julia ha sentido este silencio como un castigo, como un exilio de su propia existencia. Tiene que dejar de sentir, de querer hablar más. Ha cerrado las puertas a las palabras en varias ocasiones con la esperanza de que éso le haga sentir tranquila, feliz con la decisión; sin embargo, sólo deja de lado lo que su alma anhela, deja en aquella puertita cerrada las ganas, la ternura de decir algunas palabras. Pero tampoco es posible que sean escuchadas, entonces para qué se dicen, para qué se escriben si se quedan atascadas en las teclas de la computadora, en la garganta... en la espera de un hola, de un aquí he estado siempre. Éso no existe en ningún espacio de este sistema, no llegaron en tantos años de escritura, de sentir. Hoy Julia, leyendo por la mañana, tratando de evadir una sensación que hace mucho no veía venir; ha cerrado el libro, tomado la taza de café y entre el vapor de la bebida y la nada; el ceño se ha fruncido y las lágrimas han corrido sin reparo. No logro entender p...