Llegó ese caballero, sin aviso ni reservas. Se quedó instalado en el corazón de su amado. Lo resguardó, como si quisiera lastimarlo, cuando Julia lo único que deseaba era amarle. Se protegió de hierro y olvido, se vistió rápidamente tras la tenue luz que cubría la alcoba. Se disfrazó de elegancia combinada con ese caballero que ya no le dejaría solo. El ego es tan firme que no deja que Julia se asome por entre los resquicios de aquel traje. Lo encubrió firmemente, desde el día que Julia, en su desesperación por no ser elegida se fue de su lado. Lo ha protegido aún a la distancia de los recuerdos que Julia lleva consigo. Pero está bien así, es más seguro para ella .
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Mientras te olvido
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Me encuentro aquí sentada, e este sillón individual, en espera de la siguiente cita. Pienso que tanto frío hace en este último día de marzo. Se está oscureciendo el día y con el atardecer se escapa mi esperanza de un martes. Un martes tal, un partes que me susurro al oído las ganas que tenía de saberte, de escucharte como algún día lo hice. Sin embargo, no sabemos dónde estás, comienzo al olvidar detalles de tus palabras, de tu lengua detenida por alguna palabra, mientras mirabas mis ojos. Comienzo a sentirme sola de tus recuerdos, llena de tu estruendoso silencio.
Sécate las lágrimas
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Julia ha sentido este silencio como un castigo, como un exilio de su propia existencia. Tiene que dejar de sentir, de querer hablar más. Ha cerrado las puertas a las palabras en varias ocasiones con la esperanza de que éso le haga sentir tranquila, feliz con la decisión; sin embargo, sólo deja de lado lo que su alma anhela, deja en aquella puertita cerrada las ganas, la ternura de decir algunas palabras. Pero tampoco es posible que sean escuchadas, entonces para qué se dicen, para qué se escriben si se quedan atascadas en las teclas de la computadora, en la garganta... en la espera de un hola, de un aquí he estado siempre. Éso no existe en ningún espacio de este sistema, no llegaron en tantos años de escritura, de sentir. Hoy Julia, leyendo por la mañana, tratando de evadir una sensación que hace mucho no veía venir; ha cerrado el libro, tomado la taza de café y entre el vapor de la bebida y la nada; el ceño se ha fruncido y las lágrimas han corrido sin reparo. No logro entender p...
Ausente
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He estado por más de tres meses, aquí en silencio, sólo observando las grandes ramas de los árboles moverse en este raro mes de marzo. No hay ese Sol que encandila, no hay esos días que me llevan lejos de aquí. Estoy detenida, sintiendo las gotas delicadas de lluvia sobre mis manos mientras les pongo alimento a las ardillitas que pasean por mi casa y tiran su comedero cada mañana. Deseo dejar los sueños entre los huecos que han hecho esos pequeños animalitos, ya no verte en ellos, no escuchar tu voz suave al hablarme; porque en realidad me pone triste que decidas aún no comunicarte conmigo, como si fuera un ave de rapiña que lastima tu piel, como si fuera un fastuoso tornado que arrasa con tu ser. Pero estoy tan callada que me duele la garganta, tan inmóvil que se estrujan mis oídos. Pero aquí sigo, tengo cuarenta y ocho y no te olvido.