Cabello negro


Podría Julia empezar a escribir por mil lados de la historia de sí, hay muchas aristas que no se han tocado por miedo, por cautela, por prudencia, por resguardo de ella misma.
Muchas noches, días o quizá segundos de sus días; trata en lo interior de retomar una parte de su esencia, de la Julia que habita dentro de ella. Esa Julia que se encuentra en ocasiones dentro de la caja de mandera que escondía a los 17, otras tantas... sentada en una silla mirando por una ventana de su existencia, otras... simplemente parada a la orilla del abismo, donde se resguardan en el fondo las verdades y mentiras de su vida. Ahí entre telarañas y olvido se queda quieta, tratando de que la vida le pese menos, dejando atrás tantos recuerdos que ya no son de utilidad en el hoy.
Sin embargo, no siempre se puede someter a semejante furia, a la fuerza que arrebata el sueño, a la intensidad que devasta la barrera que se ha creado, a la nostalgia que corre por las venas; aquella que desgarra las entrañas.
Julia sale por la respiración, entre las manos frías de anoche, por el brillo de sus ojos negros, por los pensamientos que se resbalan por su negro cabello; se exhala desde la más profunda dimensión hacia el aire que respiran las plantas. Naufraga en alguna playa desierta y ahí se queda.
Julia ha salido por un instante a recuperar un microespacio de la realidad que le es negada, pero como todo volcán contenido por tanto tiempo, de pronto sólo estalla. 
Así fue aquella noche, se debillitó su calma. Era demasiado tener que contener tiempo, distancia y asuencia de su soledad que guardó por años; aquella que la protegia de todos, menos de ella. Esa noche comenzó bajo la lluvia, sus pequeños sollozos se confundieron con las gotas lloronas de las ventanas. Sacó su móvil del bolso de piel y estoperoles y sonó su canción; una melodía que escuchaba a los 5, cuando creía que todo era suyo... las estrellas y la Luna, era enorme y era inmensa su fortuna...
En ese momento en el que se confunden los duelos nuevos  y la nostalgia sale a pasear la Julia olvidada... y entonces todo de pronto se vuelca funesto.
Los telones no esperan a abrirse y se caen de golpe, la orquesta simplemente abandona los instrumentos y sólo se observa desde la última fila... una historia que muy probablemente se quede ahí.
Julia entre telas largas desteñidas, agua en todo el rostro y cabello desaliñado; qué más se puede esperar después de tanta espera? El llanto comenzó a crecer y la desesperación con él. El sentirlo perdido le trastoca el alma. Ya ha perdido ciudad, silencio, trabajo, soledad; y hoy ve tras lo que su mente le engendra un posible nuevo adiós que le es irresistible. Camina por la casa, dehambula por los escalones y se deja caer por la paredes color blanco con tijeras en mano. Sólo piensa en terminar con algo, con lo que sea que se pueda atrever, con lo que sea que le represente la propia esencia que le vacía el alma. Toma entre sus manos la larga coleta de cabellos negros y la corta poco a poco... mientras su aliento se calla entre gritos internos y llanto melancólico.
Pensando que con ese acto va a cortar con lo que le duele más, sin saber que es tan parte de ella como sus propios ojos.

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