De madrugada
La luna se ve reflejada en el lago, la carretera se ensancha ante mi trayecto. Es de madrugada aún y la soledad suena en los cristales de la camioneta. Que silencio estremecedor resuena en mi mente, si tan sólo un recuerdo hablara por sí mismo, lograría acompañarme este día. Pero están lejanos, se han vuelto sombríos, se están desvaneciendo entre la neblina y las gotas de rocío.
Extraño tantas cosas, que no sé por dónde comenzar. Mi mente trata de enfocarse en las líneas amarillas del medio del camino, en las luces de los coches que de cuando en cuando aparecen frente a mí. Sin embargo, me fugo más y más; enumerando entre mis cabellos los posibles besos que nos dimos, las caricias que se fueron silenciosas por la piel, las frases suaves que no he vuelto a escuchar a través de esa voz que me hizo perderme; ahí cuento del uno al infinito lo más valioso que me dejó. Lo que sufrí cuando lo tuve, por miedo al después, por miedo al momento en que te ibas y moría de ansiedad por no ser sólo nosotros, debí disfrutar y amar más.
Extraño tu voz grave y suave a la vez, tus cabellos libres y sin mesura, tus rodillas, tu espalda fuerte, tus manos delgadas y rugosas. Amaba tus dientes filosos, tu sonrisa...
Y así, escarbando en mi mente, quito de la penumbra tu ser, la historia y todo toma sentido; aún después de tanto.
Se quedan de nuevo sobre el tablero y logro observarlos a cuenta gotas. Decido así seguir.
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