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Mostrando las entradas de agosto, 2025

Cada día

 Sostener una sonrisa mientras se habla con el nudo en la garganta y el alma rota, es una astucia que llevo años practicando 

Caminaste en mi ilusión

 Hoy creí verte, así con las manos en los bolsillos. Caminando ligero entre canteras rosas y luces violeta, con una camisa blanca y puños doblados. Creí verte y me garganta sólo se cerró, dejando tu nombre en mi mente, te extraño y decirlo así, ya qué más da, si ya lo perdí todo 

Si

 Te solté, pero sigo hablando contigo en mi mente 

Otra historia hubiera sido, si me hubieras querido

Es tarde ya, la lluvia cesó y el fuego se apagó. Es momento de permanecer en silencio, es momento de tomar lo que me corresponde, lo que fue y han sido mis decisiones; dejando de culpar al viento, al tiempo, al olvido. Porque al fin y al cabo, ellos únicamente han sido cómplices de tus pasos lejanos. Ellos sólo han fluido contigo, dejándome atrás; ahí sentada escuchando la nada, secando las lágrimas de tu partida, tomando entre mis manos las ganas de seguirte o de gritarte que me lleves contigo.  Pero, la historia debió ser así, tórrida y muchas veces distorsionada por el dolor de mi soledad; caótica por no tocar tus labios una vez más, desesperada por no escuchar el latido de tu corazón.  Así debió ser para poder ser escrita, de lo contrario, ni siquiera Julia hubiese existido y otra historia hubiera sida. 

Amor mío

 Amor mío  Descansa allá a lo lejos, así en silencio, como siempre  Gracias por todo, quizá en otra vida seas nuevamente mi amor, sin errores, sin distancia, sin dolor amor mío 

En las frías playas

Tres días dormida. El vuelo se había retrasado, el equipaje había sido ligero, más ligero que el dolor de Julia. Había llegado la hora de terminar con Enrique. La fecha de caducidad estaba sobre la mesa y ella no tenía nada más que agregar. Ella misma, en su locura, en su delirio lo decidió, como fecha límite, el mismo día y mes el amor de su vida le dio como plazo para decirle a su esposa que lo suyo se terminaría.  Ahora, después de tantos años; comprendemos ambas que no había sido necesario presionar desde el principio, quizá sólo tomar sus cosas y marcharse. Pero no fue así aquella historia.  La brisa del mar había hecho dar dos intentos de aterrizaje al avión que recientemente había salido de madrugada y debía llegar a la ciudad de Tijuana. Ella y sus dos hijas menores arribaron al aeropuerto, cansadas. Braulio le había pedido a Julia que las enviara de vacaciones, sin embargo, ella decidió viajar con ellas. Cuando llegaron a los brazos de su padre, Julia sintió un alivio...