Aquel enero
La mañana pasa ligera entre los cabellos de Julia, ha abierto la ventana de la camioneta mientras maneja desnuda del alma. Se ha cansado de ocultar, de dejar detrás de ella los sentimientos que para muchos son absurdos y deberían desvanecerse con el rocío de la madrugada.
Sube al volumen en esa canción que le invade el alma, al llegar al momento que decidió olvidarlo todo, al instante en el que comenzó a escribir una nueva historia, llenita de dolor por la pérdida que ella misma decidió, por el amor que ella misma decidió dejar detrás de sus lágrimas; optó por abandonar la esperanza que se había convertido en una batalla por mantenerlo a su lado.
Aquel enero, estaba en silencio, sólo los sollozos ahogados entre sábanas podían escucharse. Recién había puesto un límite a ella.
En páginas anteriores habíamos escrito que el alto lo había puesto a Enrique y su amor indeciso; sin embargo, ahora entendemos, que aquella decisión era más un rescate a su amor propio, una solución al corazón en ruinas que Julia misma había roto entre expectativas. He explicado a Julia que Enrique hizo lo que podía en ese momento, hemos resuelto que nadie en estas historias han tenido la culpa de nada. Debe Julia misma organizar su vida y anotar sus responsabilidades y vivir con ellas.
Dejando tranquilo a Enrique, liberándolo por fin, después de tantos años, del amor y la historia que nunca se consolidó. Que sea feliz, lo merece, que viva en paz, que seguramente ya lo hace.
Aquel enero, entonces; la vida empezaba en una nueva línea, destinada a emprender el camino de la soledad y la devastación. Perder al amor destinada tu vida, nunca es fácil; ahora comprendo el dolor y la desesperación de Julia por tanto tiempo.
Aquel enero, ella había comprado una tarjeta de regalo, con su máximo esfuerzo, debido a la situación económica que estaba atravesando por las deudas que había dejado atrás Braulio. Ella fue una tarde y la compró, esperando que el día treinta Enrique pudiese comprar a su gusto algo por su cumpleaños. Lo que Julia no sabía, era que su propio inconsciente la traicionaría y la dejaría sin él. Ella misma decidió por las situaciones que eran ya un desgaste habitual en esa relación rota con Enrique.
Aquel enero, fue un mes que poco a poco, dejó de ver a Enrique, él se alejó y ella también. Llegado el día de Enrique, nunca llegó a verla, comentó que tenía pendientes en el trabajo. Julia sabía que éso pasaría, que era justo así como se sentía, sola… porque ambas sabíamos que habría de estar con su familia, como era natural.
Pasaron unos días y Enrique se presentó en su departamento, Julia ya había quitado los globos, un simple letrero sobre el trinchador rústico y había tirado el pastel entero. Jamás le dijo toda su espera. Mucho menos aquella tarjeta. Decidida a no entregarla jamás. Y así pasó la tarde, entre reclamos infructuosos y llanto.
En aquellos días, dos días después de su visita a Julia, tomó aquel obsequio y lo usó para ella, compró un bello suéter color verde esmeralda, que combinaba sutilmente con la pashmina que Enrique algún día le obsequió. Y así terminó aquel mes. Donde comenzó la despedida del amor de su vida.
Gracias, enero y las despedidas, gracias enero y el dolor, gracias enero y mi reconstrucción.
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