Sobre la arena del mar

 La paradoja de la vida, yace en una burla recostada sobre la arena del mar. El mar la baña y la deja salada, la recubre con espuma y la separa de su realidad, haciendo que olvide que sólo a venido a reír a carcajadas sobre los pensamientos de Julia. 

Sí, un buen once de septiembre, por situaciones extrañas, recordó a Enrique; después de varios días. Para ella resultaba en un triunfo enorme el lograr dejarlo entre las páginas del libro que está leyendo, sobre el escritorio del estudio, en las blancas cortinas de gasa que se arremolinan las tardes del verano que está por terminar. Julia se estaba dando cuenta que Enrique perecía, que se estaba desapareciendo por completo de su memoria, como ya lo había hecho de su corazón hace mucho tiempo.


Sin embargo, Enrique se resiste a morir, su recuerdo despierta de su ensueño y vuelve a latir su corazón como ya lo ha hecho en otras ocasiones. Así, se convierte en una contradicción para la mente de Julia, donde por un lado tiene la sensación de que se ha ido por completo, que ya es casi nulo el recuerdo de él, que escasamente percibe su presencia; y, por otro lado, su mente inconsciente no le deja ir.


En sus sueños vuelve más presente que en los mismos recuerdos. Regresa sonriente, vivaz, tierno, amoroso, seductor… así como ella lo conoció en la segunda fase de su amor. Así se presenta en la noche que recién concluyó. Habla con ella y le recuerda que ahí se encuentra, entre sus movimientos, entre su aroma y tono de voz que sorprendentemente, está tan presente como aquel septiembre. En esta noche le hablaba con ternura, le decía:

- Espera aquí amor, no tardo- con su voz suave y grave.

Y Julia a su vez lo observaba retirarse de aquella escena ni siquiera planeada. Al poco tiempo, regresó para ser el amigo que ella necesitaba. 


Esa noche, de anoche; así se vivió, más auténtica que esta mañana en la que escribo por ella. 


Que nuestros corazones lo guarden a pesar de lo contradictorio, a pesar del olvido fantasmal. Que se quede así, por el tiempo que requiera, ya no pienso y ella tampoco, luchar contra nada.

Sé feliz


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