Ausente

 He estado por más de tres meses, aquí en silencio, sólo observando las grandes ramas de los árboles moverse en este raro mes de marzo. No hay ese Sol que encandila, no hay esos días que me llevan lejos de aquí.

Estoy detenida, sintiendo las gotas delicadas de lluvia sobre mis manos mientras les pongo alimento a las ardillitas que pasean por mi casa y tiran su comedero cada mañana.

Deseo dejar los sueños entre los huecos que han hecho esos pequeños animalitos, ya no verte en ellos, no escuchar tu voz suave al hablarme; porque en realidad me pone triste que decidas aún no comunicarte conmigo, como si fuera un ave de rapiña que lastima tu piel, como si fuera un fastuoso tornado que arrasa con tu ser. Pero estoy tan callada que me duele la garganta, tan inmóvil que se estrujan mis oídos. 

Pero aquí sigo, tengo cuarenta y ocho y no te olvido.

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