Llegó ese caballero, sin aviso ni reservas. Se quedó instalado en el corazón de su amado. Lo resguardó, como si quisiera lastimarlo, cuando Julia lo único que deseaba era amarle.
Se protegió de hierro y olvido, se vistió rápidamente tras la tenue luz que cubría la alcoba. Se disfrazó de elegancia combinada con ese caballero que ya no le dejaría solo.
El ego es tan firme que no deja que Julia se asome por entre los resquicios de aquel traje. Lo encubrió firmemente, desde el día que Julia, en su desesperación por no ser elegida se fue de su lado. Lo ha protegido aún a la distancia de los recuerdos que Julia lleva consigo. Pero está bien así, es más seguro para ella .
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