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Mostrando las entradas de septiembre, 2025

Aquel enero

 La mañana pasa ligera entre los cabellos de Julia, ha abierto la ventana de la camioneta mientras maneja desnuda del alma. Se ha cansado de ocultar, de dejar detrás de ella los sentimientos que para muchos son absurdos y deberían desvanecerse con el rocío de la madrugada.  Sube al volumen en esa canción que le invade el alma, al llegar al momento que decidió olvidarlo todo, al instante en el que comenzó a escribir una nueva historia, llenita de dolor por la pérdida que ella misma decidió, por el amor que ella misma decidió dejar detrás de sus lágrimas; optó por abandonar la esperanza que se había convertido en una batalla por mantenerlo a su lado. Aquel enero, estaba en silencio, sólo los sollozos ahogados entre sábanas podían escucharse. Recién había puesto un límite a ella. En páginas anteriores habíamos escrito que el alto lo había puesto a Enrique y su amor indeciso; sin embargo, ahora entendemos, que aquella decisión era más un rescate a su amor propio, una solución al c...

Convicción

 Aquí me quedo, por decisión propia, de allá me voy por amor propio. Cierro la boca, enfoco la mirada y no recuerdo ni los labios que dejaron de hablar 

Así está bien

 Cuestionar esto que siento por ti, es gran parte de lo que he hecho tantos años, y qué tal si solo acepto la realidad de lo que siento por ti, de lo que siento por tu recuerdo. De mis pensamientos sobre ti, ya sin especular, ni cuestionar o juzgar mi realidad.  Sólo mía, sólo lo que hay en mí por ti, dejando de lado lo que pueda venir de ti, que acepto que sea en un mundo paralelo  Te quiero y hoy, asi esta bien hoy 

Ni siquiera

 No siquiera puedo decirte y llorar contigo por la muerte de mi conejito bebé.  Me siento tan sola sin el 

Sobre la arena del mar

 La paradoja de la vida, yace en una burla recostada sobre la arena del mar. El mar la baña y la deja salada, la recubre con espuma y la separa de su realidad, haciendo que olvide que sólo a venido a reír a carcajadas sobre los pensamientos de Julia.  Sí, un buen once de septiembre, por situaciones extrañas, recordó a Enrique; después de varios días. Para ella resultaba en un triunfo enorme el lograr dejarlo entre las páginas del libro que está leyendo, sobre el escritorio del estudio, en las blancas cortinas de gasa que se arremolinan las tardes del verano que está por terminar. Julia se estaba dando cuenta que Enrique perecía, que se estaba desapareciendo por completo de su memoria, como ya lo había hecho de su corazón hace mucho tiempo. Sin embargo, Enrique se resiste a morir, su recuerdo despierta de su ensueño y vuelve a latir su corazón como ya lo ha hecho en otras ocasiones. Así, se convierte en una contradicción para la mente de Julia, donde por un lado tiene la sensac...