Cae la tarde
El viento está llegando conforme la tarde cae, atravieso la avenida; las líneas blancas de la zona peatonal me ayudan a centrarme en el momento presente. De golpe, llega una racha de aire fresco, sabor a lluvia y levanta las hebras de mi cabello negro. Se siente bien, me siento ligera, libre… como cuando tenía catorce; creo que incluso más. Más segura de mí, más libre, más yo.
Hoy en día sé quién soy, disfruto observarme a diaria y saberme viva, descubrirme nostálgica, saborear las caricias sin culpa, andar ligera; sí con la carga de las responsabilidades, pero satisfecha y orgullosa de lograr hacerles frente sin molestia. Es agradable estar aquí, haber llegado viva; quizá un poco raspada de algunas curvas, quizá con algunos miedos y cometiendo los mismos errores. Pero haber sobrevivido.
Sí, asumiendo que escribir las mismas líneas en el mismo chat; sigue y seguirá siendo quizá una equivocación. El mutismo sigue latente desde el día que no respondí su felicitación en mi cumpleaños. Fue quizá, asumiendo, obviamente, una omisión grave de mi parte que apartó por completo su vida de la mía. Sin embargo, si tan sólo hubiéramos tenido la oportunidad de hablar unos días después, hubiera sabido el motivo de mi ausencia ese primero de junio. Pero así quedó todo, en silencio y quiero pensar que se protege de mi, de ésto, que no nos ha llevado a nada. No sé, desconozco sus intenciones.
Escribir esas palabras, me dan la sensación de no haber muerto, de que mi amor y pasión sigue intacta, que ese acercamiento absurdo me acerca solo en otra dimensión; pero no, sólo es silencio.
Lo extraño
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